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Sin gluten y para celíacos

gluten free

El único tratamiento eficaz para la Enfermedad Celiaca es una dieta sin gluten para toda la vida. El gluten es una proteína que se encuentra en la semilla de cereales como trigo, cebada, centeno y derivados y posiblemente avena. Carece de valor nutricional pero tiene un alto valor tecnológico. Es el responsable de la elasticidad de la masa de harina, confiriendo la consistencia esponjosa de panes y masas horneados.

Últimamente la frase “sin gluten pero no para celíacos” empieza a ser algo más que habitual. Resulta que ahora “sin gluten” es “sin gluten pero con matices”, y los matices son que si no puedes comer gluten, no es seguro para ti.

Todos nuestros productos están exentos de gluten, así como de los 14 alérgenos que contempla la legislación europea, sin que quepa la posibilidad de contaminación cruzada o trazas de ninguna otra materia prima. Además, por su uso como sal de frutas digestiva puede reducir la acidez en el embarazo y combatir el ardor de estómago.

Así que ya sabes, para tus recetas, mejor con El Tigre. Y si eres celíaco, no tienes de qué preocuparte.

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Recuerda que también puedes utilizarlo como refresco. Podría decirse que está libre de calorías, pues la cantidad de aporte calórico es sólo de 5 kCal por unidad de consumo.

Si estás sediento y lo que te apetece es un vaso refrescante de gaseosa, nuestra recomendación es utilizar un sobre doble por cada vaso de agua. También con sabor limón y sabor naranja.

Disfruta del aperitivo o tómalo después de una comida copiosa. ¡Cómo prefieras!

Magdalenas francesas, receta original

Magdalenas

Las magdalenas francesas tienen su origen en la región de Commercy, Lorena. Cuenta la historia que nacieron de manos de una sirvienta francesa, Madeleine Paulmier. Siempre elaboraba esta receta para el rey de Polonia, Stanislas Leszczynski, en el palacio situado en el ducado de Lorena.

Con el paso del tiempo se ha extendido a muchos países de Europa y ha adoptado diferentes formas.

Hoy vamos a preparar las tradicionales magdalenas francesas con su característica forma de concha, y con su receta tradicional. Le añadiremos nuestro gasificante “El Tigre” para añadirle más esponjosidad y potenciar su sabor original.

En primer lugar, vamos a ver los ingredientes que necesitamos:

3 huevos frescos

200 gramos de harina

50 cl. de leche entera

100 gramos de mantequilla

90 gr de azúcar

25 gramos de miel

1 sobre doble de gasificante “El Tigre”

Ralladura de un limón

Con estas cantidades te saldrán unas 20 unidades aproximadamente.

Magdalenas francesas, receta original. 3

· Para su elaboración, es necesario que la mantequilla esté a temperatura ambiente (tipo pomada), al igual que los huevos.

· En un bol grande, mezcla los huevos con el azúcar, la miel y la ralladura de limón.

· A continuación añade la harina y el sobre doble de gasificante “El Tigre”. Remueve bien hasta que todos los ingredientes estén bien integrados.

· Ahora incorpora la leche y la mantequilla y sigue integrando con el resto de ingredientes..

· Cubre el bol con un film y guarda en el frigorífico durante una hora aproximadamente.

· Precalienta el horno a 220º.

· Unta el bol, de metal o silicona, pero con los huecos en forma de concha, con un poco de mantequilla derretida.

· Vierte la mezcla en todos los huecos y hornea unos 7-8 minutos, o hasta que las magdalenas hayan empezado a subir. A continuación baja la temperatura a 180º y sigue horneando otros 5-6 minutos más.

· Para desmoldarlas más fácilmente, retíralas del molde mientras aún estén tibias. Entonces deja que enfríen sobre una rejilla y disfrútalas. 

– Con el molde tradicional de metal, te saldrán más crujientes y con ese color rubio tostado que las hace tan atractivas –

Magdalenas francesas, receta original. 2

Por la mañana en el desayuno o por la tarde en la merienda y con chocolate o café, ¡no has probado nada igual!

Bica blanca de laza. El bizcocho con sabor gallego.

bizcocho

Nos encanta hacer este tipo de recetas, esas que desprenden sabor a tradición, a hecho con amor y ternura. Recetas capaces de trasladarte en el tiempo con un solo bocado. Es increíble cómo en el momento que se empieza a cocinar, el aroma ya te llena de recuerdos la memoria. Pues eso nos pasa a nosotros con la bica gallega. Esta delicia de bizcocho con sabor a mantequilla nos traslada a aquellas vacaciones que pasamos recorriendo las Rías Bajas. Descubrimos lugares espectaculares, gente maravillosa y gastronomía deliciosa.

La bica es un bizcocho muy jugoso y esponjoso con un sabor suave a mantequilla. Su miga es más consistente y con una tonalidad más clara de lo habitual, debido a la nata y la mantequilla que se utiliza en su preparación. Vamos a ello, solo deciros que os animéis a probar un pedacito de Galicia a través de uno de sus dulces más tradicionales.

Ingredientes:

400 gramos de harina de trigo

200 gramos de mantequilla

200 gramos de azúcar

200 mililitros de nata líquida

4 o 6 huevos (depende del tamaño)

1 sobre doble de gaseosa El Tigre

Preparación:

En un bol echamos la mantequilla y la dejamos que coja temperatura ambiente. Añadimos el azúcar y batimos con ayuda de una varilla. A continuación vamos añadiendo los huevos de uno en uno y batiendo entre uno y otro hasta que quede todo bien mezclado. Añadimos la mantequilla y volvemos a mezclar.

En otro bol tamizamos la harina y añadimos el sobre doble de gaseosa El Tigre . Unimos ambas mezclas y batimos mucho, es necesario que quede bien batido.

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Precalentamos el horno a 180º, introducimos la masa en un molde rectangular y espolvoreamos con bastante azúcar y metemos en el horno durante unos 40 minutos. Para comprobar que la bica está bien cocinada, introducimos un palillo en el centro y si sale seco ya está lista.

 

Ultramarinos, ¡qué lugares! (IV)

Ya está aquí 2017 y volvemos con nuestra serie “Ultramarinos, ¡qué lugares!”, donde repasamos los comercios más típicos de nuestra historia a lo ancho de España. En esta ocasión, nuestra serie de ultramarinos y mantequerías nos lleva a la capital, Madrid. Y es que en sus barrios podemos encontrar una gran cantidad de comercios centenarios. Por las calles de Madrid, entre farmacias, pastelerías, restaurantes… se cuentan hasta más de 100 locales centenarios, patrimonio histórico y cultural de la ciudad. De ellos, cuatro se corresponden con estos pequeños comercios de toda la vida dedicados a la alimentación que tanto nos gustan.

En el número tres del Paseo de los Olmos nos encontramos con la mítica Mantequería Andrés.  Precisamente tres son las generaciones que hay detrás de esta casa fundada en 1870. Andrés de las Heras lleva más de 6o años en el lugar. Primero como dependiente del antiguo dueño, y desde los años 70, como propietario. Aunque a sus 72 años sigue cada día al pie del cañón, son sus hijos Andrés y José Luis los que llevan el tinglado.

 “Antes, las tiendas como la nuestra eran como los supermercados del barrio. Aquí se hacía la compra del día. Ahora hemos tenido que especializarnos mucho en productos que no se encuentran en las grandes cadenas. Gracias a eso mantenemos la clientela. Algunos, después de tantos años viniendo, son como de la familia”, cuenta Andrés.

Santiago Gallo, apodado “Lechuga” llega a Madrid en 1840 y abre en la Calle Mayor número 51 su negocio de abastecimiento de carne. Además de servir a grandes hoteles como el Ritz o el  Palace, la gran calidad de sus productos le convierten en proveedor de la Casa Real. Tras muchos años y alguna que otra reforma, es Onorio Gallo quien cada día sigue despachando carne de la mejor calidad.

tienda

Bartolomé, en el número 2 de la calle Sal, es el local más antiguo de los cuatro. 180 años de antigüedad, ni más ni menos. Empezó como una carnicería, y ahora se mantiene como una tienda gourmet de productos españoles de  la mano de 8 hermanos. Tradición y calidad.

Los cambios de hábitos en el consumidor han obligado a especializarse a estos comercios de alimentación centenarios. La fórmula es dar la mejor calidad del producto tradicional español al mejor precio. En la próxima entrega, seguiremos con nuestro particular repaso a la capital. Continuará…

 

 

Gana una cesta centenaria

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Esto de las cestas de Navidad es una tradición bien arraigada en nuestro país, por lo menos desde el siglo pasado. Aunque si vamos tirando del hilo, vemos que el origen puede remontarse hasta la época de los romanos. Una tradición romana, la sportula, sirvió de inspiración de la hoy tan famosa cesta. El patrón repartía alimentos en un cesto a sus clientes, aunque luego se cambió por una pequeña cantidad de dinero (cien cuadrantes). Luego pasó a regalarse en le sector público y de ahí, al privado. Así hasta nuestros días.

Parecía que con la crisis esta tradición iba a desaparecer, pero desde hace unos años se constata todo lo contrario. La cesta está aquí y parece que más viva que nunca. En esta casa queremos sortear estas navidades una cesta con productos de aquí, y por eso hemos decidido arroparnos de otras empresas centenarias.

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A nuestro tradicional lote de productos El Tigre le acompañará una selección de Turrones Ramos y una botella de Reymos Classics. Casa Ramos fue fundada en 1890 y lleva más de 125 años, desde su obrador en Jijona, elaborando de forma artesanal y a partir de productos naturales sus famosos turrones. Empezaron de feria en feria, vendiendo en las poblaciones colindantes (Alcoi, Ibi, Onil…), y ahí siguen. Por su parte, bodegas Reymos fue la primera cooperativa vitivinícola constituida en tierras valencianas y una de las más antiguas de España. Se fundó en 1918 aquí en Cheste, una tierra cuyas condiciones son idóneas para el cultivo y desarrollo de la variedad Moscatel de Alejandría. Sus vinos han obtenido importantes reconocimientos a su calidad, con medallas de ORO en prestigiosos concursos internacionales como el Challenge International du Vin de Burdeos en Francia,  Concours Mondial de Bruxelles en Bélgica, Muscats du Monde o Effervescentes du Monde en Francia también.

Participa con tu receta navideña en nuestro sorteo de Instagram. Solo tienes que seguir nuestro perfil en Instagram, subir una foto de la receta usando #navidadconeltigre y etiquetarnos en la imagen. Ganará la foto que más me gusta tenga al finalizar el día 29 de diciembre.

Si resultas ganador, te llegarán estos productos navideños junto con nuestro lote especial de Gaseosas El Tigre.

Truco o trato

calabaza

Gracias al enorme despliegue comercial y a la publicidad engendrada en el cine durante décadas, en unos días estaremos celebrando una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. La imagen de niños disfrazados de puerta en puerta pidiendo dulces y golosinas es una imagen que ha quedado grabada en la mente de muchas personas.

Es esta una fiesta curiosa, asociada al naranja calabaza y negro bruja. De origen celta, llegó a formar parte de la tradición pagana tras la ocupación romana hasta que la Iglesia la hizo suya y fue suplantada como festividad católica. Luego llegó la expansión a Norteamérica de mano de los irlandeses y, con ella, la popularidad, tras el primer desfile de Halloween en Minnesota en 1921, ya con El Tigre a pleno rendimiento.

Por sus 101 años de historia, El Tigre ha sido testigo de la evolución de esta celebración y, de todas las curiosidades, nos quedamos con el folklore y la historia de por qué se tallan calabazas y se ilumina su interior. Se trata de una leyenda inspirada en Jack el Tacaño, que por lo visto era un tío de alma corrupta que consiguió engañar al diablo y llegar a un acuerdo con él para que no se llevara su alma. Llegado el momento de su muerte, como el bueno de Jack había sido un poco travieso, no podía entrar en el cielo; pero como había pactado con el diablo no entregarle su alma, tampoco podía ir al infierno. Fue repelido en las puertas del infierno con unas ascuas ardientes arrojadas por el despechado Lucifer, pero Jack, que era muy salao, las capturó con un nabo hueco. Y así pasa sus días, vagando entre los reinos del bien y del mal con su linterna-nabo.

Como sabemos, la tradición aterriza en el nuevo continente de mano de los irlandeses, que una vez allí, se dan cuenta de la escasa cosecha de nabos en esas tierras, y a la vez, se percatan de un excedente en el cultivo de calabazas. Et voilà! Y es por eso que en estas fechas vemos calabazas huecas con velas en el interior.

Ultramarinos, ¡qué lugares! (III)

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Tras estas semanas vividas por la montaña nos hemos quedado algo nostálgicos, y con La Vuelta ya terminada hemos decidido volver con nuestra serie de establecimientos “de los de antes”. Primero fue La Confianza, en Huesca, y a la segunda nos vinimos al sur, a Málaga, para conocer a Zoilo y su tienda de comestibles. Seguimos por Andalucía, pero nos vamos hacia Almería, donde se encuentra otra de estas tiendas con encanto y que tanto nos gustan.

Se trata de los Ultramarinos San Antonio, una tienda de comestibles situada en pleno centro de la ciudad, bien conocida por sus años de experiencia y solera, que lleva desde 1940 aprovisionando a los lugareños. Por aquel entonces, recuerda José López, hijo del fundador Enrique López Andrés, actual propietario del comercio, “mi padre traía productos de estraperlo (…) como tocino o chocolate, cosas que hoy nos parecen normales pero que en aquella época le daban una gran alegría a la gente”. Eran los años de la posguerra, el hambre y las cartillas de racionamiento.

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Pero los años pasan y pasa la vida, y los clientes de toda la vida pasaron a mezclarse con los curiosos que visitaban el lugar o los que se acercaban adrede buscando algún producto exclusivo. Porque Ultramarinos San Antonio mezcla la calidad gourmet con el despacho diario de lo básico. Embutidos y jamón al corte, conservas de todo tipo o dulces artesanos, como el chocolate o el pan natural horneado a diario y con distintas clases de harina. Tampoco podían faltar nuestras gaseosillas El Tigre, “un producto clásico en nuestros estantes y de sobra conocido por nuestros clientes”, nos cuenta el tendero.

Así pues, no es de extrañar que uno de los productos estrella sean sus famosas y esponjosísimas magdalenas, las más ricas de Almería, dicen. Con ingredientes 100% naturales y leche sin lactosa. Los que las prueban, repiten. Gozan también de prestigio los mantecados y turrones que traen en época navideña, que, aunque hay actividad todo el año, es la mejor fecha.

Además, y por último, como cuentan en este artículo del Diario de Almería, incluyen repartos a domicilio, aunque señalan que no es algo novedoso, que viene haciéndose desde los comienzos, entonces con los isocarros. Algunos recordaréis haber leído por aquí una historia similar.

Ultramarinos, qué lugares (II)

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De la misma manera que hay productos de toda la vida, también quedan todavía algunos de esos locales que son el emblema de un barrio. Un par de meses atrás, nos metíamos en la despensa del más antiguo de España, que fue fruto del amor entre un francés y una señora oscense. También el amor está detrás de la historia de otra pequeña tienda de comestibles en la ciudad de Málaga.

Mari Carmen Rodríguez, además de mucha sensibilidad y un trato exquisito con la clientela, tenía un despacho de huevos de gran éxito en Málaga, en el Centro Histórico. Zoilo Montero era un joven sevillano que llegó a Málaga siendo un chiquillo de 14 años para empezar a repartir comestibles en bicicleta. Trabajaba en una pequeña tienda familiar en Málaga, en el Centro Histórico. Así se conocieron.

A mediados del siglo pasado, tras terminar el servicio militar, Zoilo aprovechó la oportunidad y se hizo con la tienda. “Vino uno que quería traspasarla y me dije, para eso me la quedo yo”. Así fue como Ultramarinos Álvarez, gestionado por diferentes familiares durante años y conocido como Florido antes de la guerra, pasó a llamarse Ultramarinos Zoilo, actual nombre del conocido negocio que da a la Iglesia de Santiago, donde fue bautizado Picasso.

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Se trata de una de esas pequeñas tiendas de toda la vida en las que, en cuanto pones un pie dentro, no quieres salir. Es como si te hipnotizara el orden y la gran cantidad de productos expuestos. Allí dentro está todo “bien colocadito”, porque “toda la vida se ha hecho así y porque es lo que le gusta al público”. “Aunque yo lo que quiero es que compren, y no que les guste” confiesa Zoilo entre risas.

En este tipo de tiendas se cuida mucho el producto local, y en este caso, se le da mucha preferencia al producto de Málaga. Como el salchichón de Málaga, que es un salchichón blando. O las pasas, higos secos o borrachuelos, que tanto gustan a nuestro protagonista. Él sin embargo, recomienda el Chorizo de Ronda, “que es riquísimo”, y que se puede tomar tal como viene, asarlo un poco o echarlo a unas lentejas. “De todas formas está exquisito”.

 

-¡Seguro que sí Zoilo. Además, después de una comida copiosa, como estas que dices, siempre podemos tomar una gaseosilla El Tigre para quedar como nuevos! Ya sabéis, lo que no se arregla con gaseosilla el Tigre es mortal de necesidad.