La revolución del bicarbonato

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Como la vida misma, unos llegan y otros se van. En 1915, justo el año de la fundación de El Tigre, cerró la última fábrica de sosa Leblanc.

Nicolas Leblanc fue un químico francés encargado de dar el pistoletazo de salida a la revolución del bicarbonato a finales del siglo XVIII. Fue en 1791, y lo que hizo fue patentar un proceso por el que obtener artificialmente este producto. Más tarde otro químico, esta vez belga (Ernest Solvay), eliminó algunos de los problemas del método Leblanc y abarató el proceso.

Hasta entonces el bicarbonato, que se había convertido en un elemento de una importancia notable en según qué industrias (como la del papel, el vidrio o el jabón), únicamente se podía hallar en la naturaleza.

Se trata de un producto bien antiguo, tanto, que su uso se remonta a tiempos inmemoriales, y si rastreamos su pista podemos llegar navegando por el Nilo hasta el antiguo Egipto, a la época de pirámides, momias y faraones.

Ya en aquella época su utilidad era muy variada, desde su uso como producto de higiene personal hasta importante ingrediente en los procesos de momificación, pasando por la producción de cristal o detergente para el lavado de tejidos.

Esta versatilidad no se ha perdido con el paso de los siglos, y hoy en día estos mágicos polvos blancos sirven para una gran cantidad de cosas. Por aquí iremos descubriendo los trucos más curiosos y algún que otro experimento, así que aquellos que queráis aprovechar todas las bondades de El Tigre no os vayáis muy lejos, pues pronto traeremos novedades.

 

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