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Beneficios de la carbonatación

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No es ningún secreto que el agua constituye aproximadamente el 60% del peso corporal y que es, por tanto, indispensable para la vida. La hidratación, pues, no es un asunto baladí. No obstante, hay quien aborrece el agua y prefiere el uso de refrescos, por lo general azucarados, para calmar la sed.

Motivos hay unos cuantos. Tienen un buen sabor, están por todos lados y su alto contenido en cafeína crea adicción. Pero claro, todavía son mayores los motivos por los que evitar abusar de este tipo de refrescos: aumento de peso y obesidad, diabetes, debilitamiento de los huesos, osteoporosis o el problema de las caries y la erosión dental, por nombrar algunos.

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El agua carbonatada es buena para la hidratación, además, también es conveniente que el agua proporcione las sales minerales que necesita nuestro organismo. Nuestros sobres de gaseosa en polvo mineralizan el agua gracias a la mezcla de bicarbonato sódico y ácido cítrico, si bien el agua efervescente cuenta con un efecto hidratante menor que el mismo volumen de agua sin gas. De todos modos, el sabor y la textura del agua carbonatada puede conducir a que una persona beba un volumen mayor de agua efervescente comparado con el que hubiera consumido de agua sin gas. La carbonatación es una forma de incrementar el interés del consumidor con respecto a beber agua.

Bien es sabido que hubo en España gran tradición de hacer gaseosas. País caluroso, industria barata. Servían para endulzar el vino cosechero, así, el que no las usaba para un bizcocho, disfrutaba nuestras gaseosillas en forma de refresco. Gustaba a niños y a viejos. El consumo de esta bebida en polvo es casi desconocido para las nuevas generaciones, pero los sobrecillos aún siguen vigentes. Como sabéis, vienen presentados en un sobre doble. Uno contiene el ácido cítrico y otro el bicarbonato sódico. Y es mucho más saludable que cualquier refresco.

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