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Refresco casero de naranja y mandarina

Hola,

hoy os dejamos una idea genial para sorprender a los peques de la casa. Hay muchos niños que está deseando que llegue un cumpleaños o el fin de semana para ponerse las botas comiendo chuches y bebiendo refrescos. Y es que ellos saben que como no es muy saludable abusar de los refrescos solo pueden tomarlos esporádicamente.

Pues con la receta que os dejamos hoy les vais a dar una alegría porque lo pueden tomar cualquier día ya que ni se añade azúcar ni aditivos. Podríamos decir que es una “fanta” natural y casera. Les va a encantar este refresco y nosotros encantados porque sabemos que están tomando fruta natural.

Nuestro refresco casero de naranja y mandarina lo acompañamos por snacks de Frit Ravich, ¡Nos encantan! hemos elegido un cóctel de frutos secos y patatas fritas estilo caseras. Vamos que hoy tenemos un aperitivo perfecto para empezar el fin de semana.

¿Os animáis?

Ingredientes:

Naranjas

Mandarinas

Snacks Frit Ravich

Gaseosa El Tigre o Soda El Tigre

Hielo (opcional)

Elaboración:

Exprimimos naranja y mandarina, a poder ser que estén bien fresquitas, colamos el jugo exprimido y preparamos los recipientes con nuestros snacks.

Cuando ya estemos listos para disfrutar abrimos un sobre doble de gaseosa o soda, vertemos en el zumo y automáticamente se generarán las burbujitas mágicas de El Tigre.

Si quieres un poquito de aventura… remueve con una cucharilla y prepara una pajita porque las burbujas poderosas de El Tigre harán que tu refresco suba y suba hasta que se salga. ¡Corre, corre, bebe que se sale!

 

Esperamos que os guste. ¡Feliz viernes!

Beneficios de la carbonatación

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No es ningún secreto que el agua constituye aproximadamente el 60% del peso corporal y que es, por tanto, indispensable para la vida. La hidratación, pues, no es un asunto baladí. No obstante, hay quien aborrece el agua y prefiere el uso de refrescos, por lo general azucarados, para calmar la sed.

Motivos hay unos cuantos. Tienen un buen sabor, están por todos lados y su alto contenido en cafeína crea adicción. Pero claro, todavía son mayores los motivos por los que evitar abusar de este tipo de refrescos: aumento de peso y obesidad, diabetes, debilitamiento de los huesos, osteoporosis o el problema de las caries y la erosión dental, por nombrar algunos.

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El agua carbonatada es buena para la hidratación, además, también es conveniente que el agua proporcione las sales minerales que necesita nuestro organismo. Nuestros sobres de gaseosa en polvo mineralizan el agua gracias a la mezcla de bicarbonato sódico y ácido cítrico, si bien el agua efervescente cuenta con un efecto hidratante menor que el mismo volumen de agua sin gas. De todos modos, el sabor y la textura del agua carbonatada puede conducir a que una persona beba un volumen mayor de agua efervescente comparado con el que hubiera consumido de agua sin gas. La carbonatación es una forma de incrementar el interés del consumidor con respecto a beber agua.

Bien es sabido que hubo en España gran tradición de hacer gaseosas. País caluroso, industria barata. Servían para endulzar el vino cosechero, así, el que no las usaba para un bizcocho, disfrutaba nuestras gaseosillas en forma de refresco. Gustaba a niños y a viejos. El consumo de esta bebida en polvo es casi desconocido para las nuevas generaciones, pero los sobrecillos aún siguen vigentes. Como sabéis, vienen presentados en un sobre doble. Uno contiene el ácido cítrico y otro el bicarbonato sódico. Y es mucho más saludable que cualquier refresco.

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Historia de la soda

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Hoy en día la soda está considerada como un refresco más, pero en su día era simple agua mineral carbonatada que la gente se tomaba por cuestiones de salud. Es curioso cómo con el tiempo (y con azúcares añadidos), la soda ha pasado de ser una especie de pócima medicinal a un gigante del marketing, emblema del consumismo y, precisamente, símbolo de una mala salud.

La historia de la soda comienza en las fuentes hidrominerales, esto es, los más comúnmente conocidos manantiales. La moda empieza en Europa por una obsesión de la gente por los beneficios para la salud de los baños en manantiales. De ahí se pasó a beber el agua mineralizada de esos manantiales como remedio para los dolores de estómago o ante las más variopintas enfermedades, como el escorbuto.

Lo malo de esta moda por los beneficios del agua mineralizada era la dificultad tanto para el embotellado como para el transporte. Fue entonces cuando apareció el doctor Joseph Priestley y, a sus 35 años, puso solución al problema. Así, este notable científico (se cree que pudo ser el descubridor del oxígeno) inventaba el agua carbonatada allá por 1767.

Unos años después de su descubrimiento, otro químico, llamado Torbem Bergman fabricó una máquina especial que hacía agua carbonatada a partir de sulfato de calcio y ácido sulfúrico. Esta máquina fue la que facilitó todo eso de embotellar y producir en masa las gaseosas.

Después ya vino lo de M. Févre y los famosos polvos que daban como resultado esta agradable y refrescante bebida.

¡Y así fue como empezó todo!

Buscando en el baúl de los recuerdos

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Hacerse mayor y conservar la memoria es bonito. Te permite dedicar algo de tiempo a recordar esas pequeñas anécdotas que resumen una vida. Como os conté, podría decirse que he llegado a una edad en la puedo decir “he llegado a una edad”, y es que, 101 años de historia dan para mucho.

Recuerdo que durante mis primeros años el mundo, a su manera, era un caos. Tal vez por eso Kafka aprovechara esos años para escribir La metamorfosis (1916). Aunque pensándolo mejor puede que incluso ahora, a su manera también, el mundo siga siendo un pequeño caos. Al principio me costó asentarme, incluso un león me quitó el papel protagonista cuando se crearon los estudios de la Metro-Goldwyn-Mayer en 1924.

En cualquier caso, a lo que venía yo era a hablar un poquito de mí y de algunas personas que tanto han hecho por mí.

Para esta historia nos trasladamos a Andalucía, concretamente a Almería. En todos los lugares me han querido mucho, de hecho se han dicho de mí cosas estupendas, como por ejemplo lo que me aconsejaba alegremente mi abuela cuando actuaba en calidad de médico, potestad intrínseca, por otra parte, a todas las abuelas del planeta: “Te tomas una papelina de gaseosilla El Tigre, te pegas cuatro rebuznos… y como nuevo”. Pero mi idilio con el sur viene de lejos, y tiene un sabor especial: “Lo que no se arregla con gaseosilla El Tigre, es mortal de necesidad”. ¿Cómo no les voy a querer?

Para presentar al personaje que quiero que conozcáis, tengo que remontarme a la época en que el tráfico de las ciudades parecía una carrera de los Autos Locos y los nombres ocupaban una línea en el folio. Precisamente este es el caso de nuestro protagonista, Pedro Antonio Eleuterio Membrive y Martínez, del que dicen tenía el nombre más largo del padrón de su pueblo y al que, como no podía ser de otra forma, en un arranque por mantener viva una tradición familiar, acabaron apodando Teodoro.

En los años de la posguerra su familia se instaló en Almería con una barraca de embutidos y comestibles. Desde allá por los años 50, Pedro Antonio empezó su carrera como representante, y yo fui una de las firmas que pasaron por sus manos para promocionarse en la ciudad. Le vimos durante más de treinta años llevando la representación por todas las tiendas de los diferentes barrios. Allí le conocían como el hombre de la gaseosilla El Tigre, y desde aquí quería hacerme eco del pequeño homenaje que le brindó hace unas semanas el arqueólogo de baúles y latas viejas llenas de fotos y cartas, don Eduardo del Pino Vicente, en el periódico local La Voz de Almería.