Hay recetas que nunca fallan, y esta es una de ellas. Un bizcocho jugoso, con trocitos de manzana macerada en azúcar y canela repartidos por toda la miga, y ese aroma que se cuela por toda la casa mientras está en el horno. Es de esas elaboraciones sencillas, con ingredientes que seguro tienes ya en la despensa, perfecta para una merienda, para desayunar o para llevar a cualquier reunión con amigos.
Vamos con ella.
Ingredientes
Para la manzana macerada:
- 1 kg de manzana
- 50 g de azúcar
- 10 g de canela
Para la masa:
- 4 huevos
- 300 g de azúcar
- 235 g de aceite de girasol
- 3 sobres dobles de gasificante El Tigre
- 1 pizca de sal
- 360 g de harina
Elaboración
- Empezamos por la manzana: la pelamos y la cortamos en dados no muy grandes. La ponemos en un bol junto con los 50 g de azúcar y los 10 g de canela, removemos bien para que quede toda impregnada y la reservamos mientras preparamos el resto de la masa. Este reposo es clave: la manzana suelta parte de su jugo y se aromatiza con la canela, y eso es justo lo que le da la jugosidad al bizcocho.
- En un bol grande batimos los 4 huevos con los 300 g de azúcar hasta que la mezcla quede espumosa y haya aumentado un poco de volumen.
- Añadimos los 235 g de aceite de girasol y seguimos batiendo hasta integrarlo por completo.
- Incorporamos los sobres dobles de El Tigre, la pizca de sal y los 360 g de harina. Mezclamos bien, con movimientos envolventes, hasta conseguir una masa homogénea y sin grumos.
- Añadimos la manzana macerada (con todo el jugo que haya soltado) y la integramos con cuidado en la masa, repartiéndola de manera uniforme.
- Vertemos la mezcla en un molde previamente engrasado o forrado con papel de horno.
- Horneamos a 180 ºC, con calor arriba y abajo, durante 1 hora. Para asegurarte de que está listo, pincha el centro con un palillo: si sale limpio, el bizcocho ya está en su punto. Si tu horno tiende a dorar mucho por arriba, puedes cubrirlo con papel de aluminio a mitad de cocción.
- Deja que se temple dentro del molde unos minutos y después desmóldalo sobre una rejilla para que termine de enfriarse por completo antes de cortarlo.























