bica de limón

La bica es uno de esos bizcochos que no necesitan presentación. Contundente, esponjosa y profundamente ligada a la repostería tradicional, ha estado presente durante generaciones en mesas familiares, fiestas y meriendas sin reloj. Pero como toda receta viva, la bica también admite reinterpretaciones. Y esta bica de limón es una de las más agradecidas.

El limón aporta ligereza, aroma y un contraste perfecto con la riqueza de la mantequilla, el aceite y la nata. El resultado es una bica húmeda, equilibrada y muy aromática, ideal para quienes buscan un dulce tradicional con un toque más fresco.

Ingredientes

Para preparar esta bica de limón necesitarás:

  • 3 huevos (170 g)
  • 250 g de azúcar
  • 60 g de mantequilla sin sal, derretida
  • 75 g de aceite de oliva virgen extra
  • 200 ml de nata para montar
  • 110 g de zumo de limón
  • Ralladura de un limón
  • 300 g de harina de media fuerza
  • 2 sobres dobles de soda El Tigre
  • 1 pizca de sal

Elaboración

  1. Bate los huevos con el azúcar hasta que la mezcla blanquee y gane volumen. Añade la soda y bate.
  2. Añade la mantequilla derretida (templada) y el aceite de oliva, integrando bien.
  3. Incorpora la nata, el zumo de limón y la ralladura, mezclando suavemente.
  4. Tamiza la harina junto con la levadura y la sal, y añádela poco a poco a la masa.
  5. Mezcla lo justo hasta obtener una masa homogénea y sin grumos.
  6. Vierte en un molde previamente engrasado y hornea a 170–180 ºC durante unos 45–50 minutos, hasta que al pinchar salga limpio.
  7. Deja enfriar antes de desmoldar para que la bica asiente bien su miga.

Una bica para cualquier momento

Esta versión de limón es perfecta para desayunos tranquilos, meriendas largas o como postre acompañado de un café o una infusión. Mantiene el espíritu de la bica tradicional, pero suma ese punto cítrico que la hace más ligera y actual.

Porque las recetas de siempre no están reñidas con la creatividad. A veces, solo necesitan un limón.

orejas de carnaval

Hay recetas que no se miden en gramos exactos, sino en recuerdos. Las orejas de Carnaval o Orejas de San Blas son una de ellas. Crujientes, doradas y espolvoreadas con azúcar, aparecen cada año para recordarnos que el Carnaval no solo se celebra en la calle, sino también en la cocina.

Esta receta humilde y popular, muy arraigada en muchas zonas de España, se ha transmitido durante generaciones con una premisa clara: ingredientes sencillos y “harina la que admita”, porque cada masa tiene su propio carácter.

Un dulce ligado al Carnaval

El Carnaval siempre ha sido tiempo de exceso antes de la Cuaresma, y eso se nota en su gastronomía. Las orejas, junto con las filloas, buñuelos o flores fritas, forman parte de ese recetario tradicional que se prepara en familia, sin prisas, con la radio de fondo y la cocina oliendo a fritura dulce.

No hay dos orejas iguales: unas más finas, otras más crujientes, algunas con un toque cítrico más marcado… ahí está la magia.

Ingredientes tradicionales

Para preparar unas orejas de Carnaval clásicas, solo necesitas:

  • 1 huevo
  • ½ taza de zumo de naranja
  • ½ taza de vino blanco
  • ½ taza de aceite
  • Harina, la que admita
  • Aceite para freír
  • Azúcar (y canela, opcional) para espolvorear
  • un sobre doble de soda El Tigre

Elaboración paso a paso

  1. En un bol amplio, bate el huevo y añade el zumo de naranja, el vino blanco y el aceite. Mezcla bien.
  2. Incorpora la harina poco a poco hasta obtener una masa suave, elástica y que no se pegue a las manos.
  3. Deja reposar la masa tapada durante unos 20–30 minutos.
  4. Divide en pequeñas porciones, estíralas muy finas (casi transparentes) y dales forma irregular, como manda la tradición.
  5. Fríe en abundante aceite caliente hasta que estén doradas y crujientes.
  6. Escurre sobre papel absorbente y espolvorea con azúcar (y canela, si te gusta).

El secreto: sin prisas

Como ocurre con muchas recetas tradicionales, el verdadero secreto de las orejas de Carnaval no está solo en los ingredientes, sino en el tiempo, la paciencia y el disfrute del proceso. Amasar, estirar, freír… todo forma parte de un pequeño ritual que anuncia que el Carnaval ya está aquí.

Porque hay sabores que no pasan de moda. Y las orejas, año tras año, siguen crujendo igual de bien.

La Bica de Castro Caldelas es uno de los grandes tesoros de la repostería gallega. Densa, jugosa y con una miga característica, esta receta ha pasado de generación en generación, elaborada con ingredientes sencillos y sin prisas, como se hacía antes.

En esta versión seguimos el método tradicional, utilizando soda El Tigre como gasificante, tal y como lo hacían nuestras abuelas, cuando la repostería se levantaba con paciencia y conocimiento, no con atajos.

🧺 Ingredientes

  • 4 huevos medianos
  • 200 g de mantequilla (tradicionalmente se usaba manteca)
  • 400 g de azúcar
  • 200 g de nata líquida
  • 400 g de harina de trigo
  • 3 sobres dobles de Soda El Tigre

🥣 Elaboración paso a paso

  1. Preparar la base
    Saca la mantequilla del frigorífico con antelación para que esté blanda o derrítela. En un bol amplio, bate la mantequilla junto con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa y blanquecina.
  2. Añadir los huevos
    Incorpora los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición. Este paso es clave para que la masa emulsione correctamente y gane cuerpo.
  3. Añadir la soda El Tigre y batir.
  4. Incorporar la harina y la nata
    Añade la harina y la nata en tres tandas, empezando siempre por la harina y terminando por la harina. Mezclamos con movimientos envolventes.
  5. Reposo de la masa
    Una vez integrada, deja reposar la masa unos 10–15 minutos, como se hacía tradicionalmente. Este descanso ayuda a que la bica tenga su textura característica. Añade azúcar por encima.
  6. Horneado
    Vierte la masa en un molde rectangular o cuadrado, previamente engrasado y forrado si es necesario.
    Hornea en horno precalentado a 170–180 ºC durante aproximadamente 50–60 minutos, hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  7. Enfriado
    Saca la bica del horno y deja enfriar completamente antes de desmoldar. El reposo es fundamental para que se asiente la miga.

El resultado

Una bica compacta pero tierna, con sabor profundo, aroma a mantequilla y ese punto justo de dulzor que la hace inconfundible. Perfecta para acompañar un café, una sobremesa larga o una merienda como las de antes.

Porque hay recetas que no necesitan modernizarse: solo respetarse.