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La Bica de Castro Caldelas es uno de los grandes tesoros de la repostería gallega. Densa, jugosa y con una miga característica, esta receta ha pasado de generación en generación, elaborada con ingredientes sencillos y sin prisas, como se hacía antes.

En esta versión seguimos el método tradicional, utilizando soda El Tigre como gasificante, tal y como lo hacían nuestras abuelas, cuando la repostería se levantaba con paciencia y conocimiento, no con atajos.

🧺 Ingredientes

  • 4 huevos medianos
  • 200 g de mantequilla (tradicionalmente se usaba manteca)
  • 400 g de azúcar
  • 200 g de nata líquida
  • 400 g de harina de trigo
  • 3 sobres dobles de Soda El Tigre

🥣 Elaboración paso a paso

  1. Preparar la base
    Saca la mantequilla del frigorífico con antelación para que esté blanda o derrítela. En un bol amplio, bate la mantequilla junto con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa y blanquecina.
  2. Añadir los huevos
    Incorpora los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición. Este paso es clave para que la masa emulsione correctamente y gane cuerpo.
  3. Añadir la soda El Tigre y batir.
  4. Incorporar la harina y la nata
    Añade la harina y la nata en tres tandas, empezando siempre por la harina y terminando por la harina. Mezclamos con movimientos envolventes.
  5. Reposo de la masa
    Una vez integrada, deja reposar la masa unos 10–15 minutos, como se hacía tradicionalmente. Este descanso ayuda a que la bica tenga su textura característica. Añade azúcar por encima.
  6. Horneado
    Vierte la masa en un molde rectangular o cuadrado, previamente engrasado y forrado si es necesario.
    Hornea en horno precalentado a 170–180 ºC durante aproximadamente 50–60 minutos, hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  7. Enfriado
    Saca la bica del horno y deja enfriar completamente antes de desmoldar. El reposo es fundamental para que se asiente la miga.

El resultado

Una bica compacta pero tierna, con sabor profundo, aroma a mantequilla y ese punto justo de dulzor que la hace inconfundible. Perfecta para acompañar un café, una sobremesa larga o una merienda como las de antes.

Porque hay recetas que no necesitan modernizarse: solo respetarse.