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Este es nuestro segundo paseo por Madrid, y con él acabamos nuestra serie «Ultramarinos, qué lugares» de la capital. Como ya sabéis, aquí algunas de las mantequerías y tiendas de ultramarinos centenarias sobreviven pese al auge de las grandes superficies. En la entrega anterior os hablamos de Mantequerías Andrés, en el Paseo de los Olmos, Hijos de Lechuga, en la calle Mayor y de Bartolomé, en el número 2 de la calle Sal. Hoy os presentamos otros dos comercios de toda la vida.

El primero ocupa el lugar que en su día ocupo Casa Varona, dedicados a la alimentación desde 1877, en la plaza de Matuta. El futuro de la Mantequería Cabello, igual que muchos comercios de este tipo, también pasa por la especialización en productos de calidad. Tiene fama de ser el lugar donde están las mejores legumbres de toda España. Los restaurantes con los cocidos y fabadas más famosos, como Casa Lucio o Viejo Madrid, compran aquí los productos. Infinidad de botes de todo tipo, trufas negras o pollo al curry con arroz cuidadosamente etiquetados conviven en perfecta armonía con latas de los mejores ahumados, ventrescas y algún que otro tesoro más.

Con los años los productos que venden han ido cambiando pero si hay algo que sigue caracterizando a esta tienda es tener productos que casi nadie o nadie más tiene. «Cuando no existían las grandes superficies, había mucho más trabajo», lamenta Mario Cabello, actual propietario. «En 500 metros a la redonda, podías encontrar 30 o 40 tiendas como ésta. Hoy sólo quedo yo». Otra de las curiosidades de la tienda que llama la atención de muchos clientes es la colección de latas de cerveza y espejos que el hermano de Mario, Ángel, ha dejado en las paredes.

El bisabuelo de Miguel Ferreros, el dueño actual de Los Ferreros, fundó junto a su hermano una tienda de ultramarinos en una de las calles de acceso a la Plaza Mayor, la mayor zona comercial de la época. Este curioso comercio se transformó de ultramarinos en carnicería, volviendo a convertirse tiempo después en la tienda de alimentación que es hoy. Actualmente vende quesos, fiambres, vinos, azafrán y algunos otros productos típicos de España, enfocado sobre todo al turismo de la zona. «Antes se trabajaba más. Había más clientes, más movimiento y más restaurantes a los que suministrábamos el género. Eso ha cambiado», comenta Miguel. «Ahora subsisto por el turismo, gracias a la situación que tengo. La clientela de barrio cada vez es más pequeña».

Ha pasado más de un siglo desde que se fundó la tienda y han cambiado muchas cosas, pero el local sigue manteniendo algunos de los muebles y piezas originales. En la trastienda se conserva una cámara frigorífica con puertas de madera, todavía en uso, un reloj de pared y una pequeña oficina desde donde se controla todo y se hacen las cuentas.

Los pequeños supermercados y los establecimientos de los chinos abiertos en las zonas antiguas de Madrid durante los últimos años han hecho mucho daño a este tipo de comercios. Pero siguen luchando para defender su espacio en el comercio tradicional de Madrid.

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Hace poco, gozamos del privilegio de salir en una receta de Miriam en el principal espacio de referencia en lo que a repostería se refiere a nivel nacional. María Lunarillos nace en el año 2009 en forma de blog de recetas, de la mano de María, jiennensa de nacimiento pero tinerfeña de adopción, y a la que pocas cosas le gustan más que encender el horno cuando viene lluvia.

En 2012 se suma al proyecto Eduardo, y juntos ponen en marcha la tienda online, un proyecto muy ilusionante que en muy poco tiempo pasa de ser un mero hobby a convertirse en una profesión.

Hoy, muchas personas contribuyen a darle forma. Entre ellas se encuentra Miriam, traductora y química durante más de 15 años, que además es una gran aficionada a la cocina en general, y a la repostería en particular. Miriam comenta que esta afición le viene de familia, como a tantos otros. En su caso es por parte de madre y de abuela paterna. Esta misma afición es la que le aporta la ilusión para mantener su propio blog (El invitado de invierno). Incluso ha impartido algún que otro curso de cocina en la escuela de Madrid «La Cocina de Babette«.

La semana pasada Miriam nos obsequió con la  tradicional receta de bizcocho cuatro cuartos de chocolate, que recibe el nombre por su composición; un cuarto de huevos, un cuarto de harina, un cuarto de azúcar y un cuarto de mantequilla. Luego también lleva nuestras gaseosillas El Tigre para impulsar y algún que otro aroma. Además este también lleva una parte de chocolate, como su nombre indica.

 No os perdáis la receta completa, tiene un pinta espectacular.

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Al final de la receta, podéis encontrar una breve descripción de las diferencias entre las gaseosillas y la levadura química. Así lo cuenta Miriam:

Todos los impulsores químicos o levaduras de repostería se componen de un ácido (o varios) y un álcali (o varios). Al juntarse en una masa con un líquido se produce una reacción entre ellos que desprende CO2, el gas que esponja los dulces.

Las gaseosas, como las de la marca Tigre, son el ejemplo más sencillo de impulsor: en uno de los sobres viene el ácido (ácido cítrico) y en el otro viene el álcali (bicarbonato sódico). Al igual que cuando ponemos bicarbonato en un dulce con otro ingrediente ácido, el efecto es inmediato y la masa normalmente no se debe dejar reposar porque corremos el riesgo de perder el efecto.

La levadura química tiene una composición algo más compleja, pues lleva un conjunto de ácido y álcali de efecto inmediato, al disolverse, pero también otros ácidos y álcalis que solamente se activan con el calor, al meter la masa en el horno. Además llevan otros compuestos para que los ingredientes activos no se humedezcan y pierdan su fuerza, etc.

En resumen, las gaseosas tienen un efecto inmediato y rápido en frío, mientras que la levadura química precisa del calor del horno para ejercer todo su efecto.

Ya está aquí 2017 y volvemos con nuestra serie «Ultramarinos, ¡qué lugares!», donde repasamos los comercios más típicos de nuestra historia a lo ancho de España. En esta ocasión, nuestra serie de ultramarinos y mantequerías nos lleva a la capital, Madrid. Y es que en sus barrios podemos encontrar una gran cantidad de comercios centenarios. Por las calles de Madrid, entre farmacias, pastelerías, restaurantes… se cuentan hasta más de 100 locales centenarios, patrimonio histórico y cultural de la ciudad. De ellos, cuatro se corresponden con estos pequeños comercios de toda la vida dedicados a la alimentación que tanto nos gustan.

En el número tres del Paseo de los Olmos nos encontramos con la mítica Mantequería Andrés.  Precisamente tres son las generaciones que hay detrás de esta casa fundada en 1870. Andrés de las Heras lleva más de 6o años en el lugar. Primero como dependiente del antiguo dueño, y desde los años 70, como propietario. Aunque a sus 72 años sigue cada día al pie del cañón, son sus hijos Andrés y José Luis los que llevan el tinglado.

 «Antes, las tiendas como la nuestra eran como los supermercados del barrio. Aquí se hacía la compra del día. Ahora hemos tenido que especializarnos mucho en productos que no se encuentran en las grandes cadenas. Gracias a eso mantenemos la clientela. Algunos, después de tantos años viniendo, son como de la familia», cuenta Andrés.

Santiago Gallo, apodado «Lechuga» llega a Madrid en 1840 y abre en la Calle Mayor número 51 su negocio de abastecimiento de carne. Además de servir a grandes hoteles como el Ritz o el  Palace, la gran calidad de sus productos le convierten en proveedor de la Casa Real. Tras muchos años y alguna que otra reforma, es Onorio Gallo quien cada día sigue despachando carne de la mejor calidad.

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Bartolomé, en el número 2 de la calle Sal, es el local más antiguo de los cuatro. 180 años de antigüedad, ni más ni menos. Empezó como una carnicería, y ahora se mantiene como una tienda gourmet de productos españoles de  la mano de 8 hermanos. Tradición y calidad.

Los cambios de hábitos en el consumidor han obligado a especializarse a estos comercios de alimentación centenarios. La fórmula es dar la mejor calidad del producto tradicional español al mejor precio. En la próxima entrega, seguiremos con nuestro particular repaso a la capital. Continuará…

 

 

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Este lunes pasado en un especial sobre la Comunidad Valenciana publicaron en La Razón una entrevista con los jefes de nuestra selva. En ella, el gerente y el director comercial de Sodas y gaseosas El Tigre, Alejandro Martínez y Alfonso García, echan la vista atrás hasta los inicios de la empresa y hablan también de la actualidad y de los próximos retos para futuras generaciones. Y es que, no hay muchas empresas familiares valencianas que hayan sobrevivido a los vaivenes de las transiciones generacionales y las crisis económicas. Esta compañía ha sabido reinventarse e ir adaptándose a los nuevos tiempos. Os dejamos con la entrevista:

–¿Cómo se han llevado a cabo las transiciones de una generación a otra? No habrá resultado fácil…

Esto nunca es fácil, pero hemos aportado en cada salto generacional, desde el origen y fundación, hasta esta cuarta generación, la adaptación a las circunstancias tanto estructurales como sociales y familiares, intentando implantar protocolos que mantengan la viabilidad de la empresa por encima de egoísmos personales, que suelen ser los que destruyen estos saltos de generación. 

-Siempre se dice que la vida de las empresas familiares es muy corta, ¿cuál es el secreto de vuestra perdurabilidad?

-El secreto está en cuidar la esencia de la empresa por encima de motivaciones personales. El ?n de las pequeñas empresas familiares, cuando hay un salto generacional, es muy habitual, y casi siempre, se produce por desacuerdos familiares en la gestión empresarial. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos, pero no nos debemos dejar llevar por egoísmos o protagonismos. Por eso, siempre hemos tratado de implantar unos protocolos que funcionen correctamente sea quien sea el equipo humano que lo gestione, y así evitar que nos sucedan este tipo de desavenencias.

-¿Cuáles son los principales cambios que se han experimentado desde el nacimiento de la empresa hasta hoy?

-Uno de nuestros secretos es simple: el producto sigue siendo prácticamente el mismo desde hace 101 años. Las materias primas como el bicarbonato, el ácido cítrico o tartárico, la sacarina y los aromas se mantienen, pero la fórmula ha sido adaptada y mejorada con el tiempo, gracias a los sistemas de control que existen hoy en día. No solo el producto, sino que el envasado también está adaptado a las últimas exigencias de sanidad y de normativas administrativas. 

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-Como empresa familiar, ¿cuáles son las principales reivindicaciones de este sector?

Por desgracia, no hay una cohesión de sector como tal. Cuando hemos realizado alguna solicitud nos ha dado más problemas que ventajas, y eso limita de alguna forma el crecimiento. Como anécdota, contaré que hace algún tiempo solicitamos una subvención para el etiquetado, y al poco tiempo de presentar la solicitud, nos reclamaron desde la Generalitat que aportásemos una serie de datos y comprobar así que no había nada fuera de control. Naturalmente teníamos todo correctamente controlado, y al ?nal simplemente nos hicieron perder tiempo. Esto se traduce muchas veces en que pedir subvenciones supone pérdida de tiempo y te requiere mucha atención, que dejas de prestarle a tu empresa y a tus clientes. 

-¿Cuáles son las ventajas de ser empresa familiar?

-La principal ventaja es que si las cosas van bien, tanto en la familia como en la empresa, trabajar con tus seres queridos produce una gran satisfacción. Además, si los protocolos que antes he mencionado están bien elaborados, se puede aprovechar el talento existente dentro de la propia estructura familia, y así colaboras en el crecimiento profesional de tus familiares. Es cierto que puede suceder justo lo contrario, y que la empresa se convierta en un refugio para toda la familia independientemente del talento, pero este es precisamente uno de los puntos que más debe cuidar una empresa como la nuestra. Ya estamos trabajando en la formación de la quinta generación familiar que, si todo va bien, asumirá la responsabilidad de mantener el legado de El Tigre. 

-En otro marco de cosas: ¿notáis que ha crecido vuestro negocio desde que ha aumentado, por ejemplo, la demanda de alimentos sin gluten?

-En los últimos años, y especialmente en lo que llevamos de ejercicio de 2016, hemos notado un repunte de las ventas, lo cual se debe a diversos factores. Naturalmente el aumento de la demanda en productos para dietas libres de gluten es un punto importante en este crecimiento, pero no el único. Hemos aumentado considerablemente los recursos y el cariño dedicado a la comunicación al marketing de nuestro producto, y hemos adaptado gran parte de nuestras tarifas a las exigencias del mercado. Estamos llevando a cabo una gran estrategia empresarial para seguir creciendo en todo el territorio nacional, y también en el extranjero, y por supuesto que tratamos de aprovechar para oportunidad que vemos para ello. 

-¿Qué creéis que necesita la Comunitat Valenciana para mejorar su sistema empresarial? Tanto desde el punto de vista de la Administración, como de las propias empresas.

-Me parece una estupenda Comunidad para cualquier tipo de empresa y sector. Está muy bien ubicada con respecto a las demás grandes ciudades nacionales, el turismo asegura la dinamización continua del mercado y tenemos grandes infraestructuras. Valencia ha mejorado muchísimo el último siglo, y nosotros hemos sido partícipes de ello.

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Hace unos días Susana Pérez, de webos fritos, compartía con sus seguidores su experiencia a lo largo de los años usando nuestro producto. En la publicación,  que a continuación reproducimos, contestaba algunas de las preguntas más frecuentes a la hora de usar gaseosa en polvo en la cocina, así como algunos trucos interesantes:

 

Sois muchos los que me preguntáis cuando pongo una receta de repostería con gaseosillas lo que son, lo repito las veces que haga falta, me encanta que os animéis a hacer vuestras cosas.
. ?¿Qué son las gaseosillas?

Es un impulsor para masas dulces batidas (o sea bizcochos, magdalenas, rosquillas, etc). Se componen normalmente de dos sobres, el sobre que contiene gasificante —bicarbonato sódico—, y el sobre del acidulante
. ?¿Para qué sirven?

Esponjan la masa, haciendo una labor similar a la levadura química, o polvos de hornear, o la por todos conocida levadura Royal, añadiendo además cierto sabor cítrico
. ?¿Qué medida debo emplear?

Cada marca tiene sus medidas. No dejes de mirar las instrucciones que vienen en los envases. Lo normal es que te indique que un sobre es válido para una determinada cantidad de harina.
Algunos ejemplos:
Magdalenas y bizcochos : 1 sobre doble por 125 harina
Galletas: 1 sobre doble por 500 g de harina
Rosquillas: 1 sobre doble para 375 g de harina.

Si para una determinada receta debes emplear un sobre doble de gaseosillas y no lo tienes, lo normal es poner 4 gramos de levadura química, o polvos de hornear por 100 gr de harina de repostería.

Me gustan mucho las gaseosillas de@gaseosaseltigre que las encuentro en los súper grandes de mi ciudad. #webosdice #consejoswebos

 

Muchas gracias, Susana. Nos encanta que sigas confiando en nuestras gaseosillas para tus recetas. La verdad que todas tienen una pinta deliciosa. Y a vosotros, aquí podéis consultar otras preguntas frecuentes sobre el producto.

¡Hasta la próxima!

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Hoy en día la soda está considerada como un refresco más, pero en su día era simple agua mineral carbonatada que la gente se tomaba por cuestiones de salud. Es curioso cómo con el tiempo (y con azúcares añadidos), la soda ha pasado de ser una especie de pócima medicinal a un gigante del marketing, emblema del consumismo y, precisamente, símbolo de una mala salud.

La historia de la soda comienza en las fuentes hidrominerales, esto es, los más comúnmente conocidos manantiales. La moda empieza en Europa por una obsesión de la gente por los beneficios para la salud de los baños en manantiales. De ahí se pasó a beber el agua mineralizada de esos manantiales como remedio para los dolores de estómago o ante las más variopintas enfermedades, como el escorbuto.

Lo malo de esta moda por los beneficios del agua mineralizada era la dificultad tanto para el embotellado como para el transporte. Fue entonces cuando apareció el doctor Joseph Priestley y, a sus 35 años, puso solución al problema. Así, este notable científico (se cree que pudo ser el descubridor del oxígeno) inventaba el agua carbonatada allá por 1767.

Unos años después de su descubrimiento, otro químico, llamado Torbem Bergman fabricó una máquina especial que hacía agua carbonatada a partir de sulfato de calcio y ácido sulfúrico. Esta máquina fue la que facilitó todo eso de embotellar y producir en masa las gaseosas.

Después ya vino lo de M. Févre y los famosos polvos que daban como resultado esta agradable y refrescante bebida.

¡Y así fue como empezó todo!

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Bien es sabido que hubo en España gran tradición de hacer gaseosas. País caluroso, industria barata. Servían para endulzar el vino cosechero, así, el que no las usaba para un bizcocho, disfrutaba nuestras gaseosillas en forma de refresco. Gustaba a niños y a viejos, como las burbujas.

Por eso no es extraño que uno de los anuncios más esperados cada año sea el de Freixenet, con su magia y la sorpresa de quién será el famoso protagonista. Precisamente este año, esa sorpresa no será tal, pues anunciaban hace unos días que repetirán la emisión del año anterior. Las integrantes del equipo español de gimnasia rítmica, tras la plata conseguida en Río 16′, se han ganado al renovación. Así lo explicaba el Director de Comunicación de la empresa:

“Estas burbujas fueron muy entrañables, trabajaron con profesionalidad y entusiasmo y quedamos muy enamorados de ellas, como burbujas y como personas.”

Sea con cava o con gaseosa, tiene algo de hipnótico ver cómo van formándose estas pequeñas burbujas y ascendiendo por la copa, aumentando de tamaño según van subiendo. Aunque eso se debe más a la ciencia que a la magia.

Donde sí hay magia de ilusión es en esa niña que juega con burbujas de jabón, con colores a su alrededor:

Van las burbujas libres al viento,

van agrupadas en filas y cientos.

¿Se van al espacio,

o a un libro de cuentos?

Poesía y burbujas van de la mano. Desde los versos de Calderón de la Barca, “éstas que fueron pompa y alegría”, hasta los de Paul Morand publicados en Caiers des Saisons en otoño del 62′:

Pero primero, abre tu camino hacia el aire,

deslízate por senderos ondeados

hasta el techo de agua, por donde pasa la cabeza,

acompañado por fuegos artificiales de burbujas.

Otro poeta y escritor, Borges, dijo que siempre fue tímido, pero que la fama le trajo desparpajo. Y no dudó en utilizar ese desparpajo para atizar a cualquiera. “No sabía que Manuel tuviera un hermano”, comentó con desdén sobre Antonio Machado. De Gardel opinaba que creaba “miserias y sensiblerías”. Y también tuvo para las greguerías de Gómez de la Serna, de las que dijo que no eran más que la estupidez de “pensar en burbujas”.

Como podéis ver, las burbujas dan para mucho. Las hay económicas, que suelen traer problemas, o burbujas de amor, que diría Juan Luis Guerra. Burbujas de tierra que hacen los bichos bola o el plástico de burbujas que tan felices hace a algunos. En cualquier caso, nosotros nos quedamos con las burbujas de nuestras gaseosillas, ¡a disfrutar!

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Tras estas semanas vividas por la montaña nos hemos quedado algo nostálgicos, y con La Vuelta ya terminada hemos decidido volver con nuestra serie de establecimientos “de los de antes”. Primero fue La Confianza, en Huesca, y a la segunda nos vinimos al sur, a Málaga, para conocer a Zoilo y su tienda de comestibles. Seguimos por Andalucía, pero nos vamos hacia Almería, donde se encuentra otra de estas tiendas con encanto y que tanto nos gustan.

Se trata de los Ultramarinos San Antonio, una tienda de comestibles situada en pleno centro de la ciudad, bien conocida por sus años de experiencia y solera, que lleva desde 1940 aprovisionando a los lugareños. Por aquel entonces, recuerda José López, hijo del fundador Enrique López Andrés, actual propietario del comercio, “mi padre traía productos de estraperlo (…) como tocino o chocolate, cosas que hoy nos parecen normales pero que en aquella época le daban una gran alegría a la gente”. Eran los años de la posguerra, el hambre y las cartillas de racionamiento.

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Pero los años pasan y pasa la vida, y los clientes de toda la vida pasaron a mezclarse con los curiosos que visitaban el lugar o los que se acercaban adrede buscando algún producto exclusivo. Porque Ultramarinos San Antonio mezcla la calidad gourmet con el despacho diario de lo básico. Embutidos y jamón al corte, conservas de todo tipo o dulces artesanos, como el chocolate o el pan natural horneado a diario y con distintas clases de harina. Tampoco podían faltar nuestras gaseosillas El Tigre, “un producto clásico en nuestros estantes y de sobra conocido por nuestros clientes”, nos cuenta el tendero.

Así pues, no es de extrañar que uno de los productos estrella sean sus famosas y esponjosísimas magdalenas, las más ricas de Almería, dicen. Con ingredientes 100% naturales y leche sin lactosa. Los que las prueban, repiten. Gozan también de prestigio los mantecados y turrones que traen en época navideña, que, aunque hay actividad todo el año, es la mejor fecha.

Además, y por último, como cuentan en este artículo del Diario de Almería, incluyen repartos a domicilio, aunque señalan que no es algo novedoso, que viene haciéndose desde los comienzos, entonces con los isocarros. Algunos recordaréis haber leído por aquí una historia similar.

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De la misma manera que hay productos de toda la vida, también quedan todavía algunos de esos locales que son el emblema de un barrio. Un par de meses atrás, nos metíamos en la despensa del más antiguo de España, que fue fruto del amor entre un francés y una señora oscense. También el amor está detrás de la historia de otra pequeña tienda de comestibles en la ciudad de Málaga.

Mari Carmen Rodríguez, además de mucha sensibilidad y un trato exquisito con la clientela, tenía un despacho de huevos de gran éxito en Málaga, en el Centro Histórico. Zoilo Montero era un joven sevillano que llegó a Málaga siendo un chiquillo de 14 años para empezar a repartir comestibles en bicicleta. Trabajaba en una pequeña tienda familiar en Málaga, en el Centro Histórico. Así se conocieron.

A mediados del siglo pasado, tras terminar el servicio militar, Zoilo aprovechó la oportunidad y se hizo con la tienda. “Vino uno que quería traspasarla y me dije, para eso me la quedo yo”. Así fue como Ultramarinos Álvarez, gestionado por diferentes familiares durante años y conocido como Florido antes de la guerra, pasó a llamarse Ultramarinos Zoilo, actual nombre del conocido negocio que da a la Iglesia de Santiago, donde fue bautizado Picasso.

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Se trata de una de esas pequeñas tiendas de toda la vida en las que, en cuanto pones un pie dentro, no quieres salir. Es como si te hipnotizara el orden y la gran cantidad de productos expuestos. Allí dentro está todo “bien colocadito”, porque “toda la vida se ha hecho así y porque es lo que le gusta al público”. “Aunque yo lo que quiero es que compren, y no que les guste” confiesa Zoilo entre risas.

En este tipo de tiendas se cuida mucho el producto local, y en este caso, se le da mucha preferencia al producto de Málaga. Como el salchichón de Málaga, que es un salchichón blando. O las pasas, higos secos o borrachuelos, que tanto gustan a nuestro protagonista. Él sin embargo, recomienda el Chorizo de Ronda, “que es riquísimo”, y que se puede tomar tal como viene, asarlo un poco o echarlo a unas lentejas. “De todas formas está exquisito”.

 

-¡Seguro que sí Zoilo. Además, después de una comida copiosa, como estas que dices, siempre podemos tomar una gaseosilla El Tigre para quedar como nuevos! Ya sabéis, lo que no se arregla con gaseosilla el Tigre es mortal de necesidad.

 

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Un trifinio, aunque pueda parecer el nombre de un cóctel, es un punto geográfico donde se juntan las fronteras terrestres de tres países. Pese al nombre raro, no se trata de algo inusual, de hecho China tiene 14 y Rusia 12, y en el mundo se intuye que hay algo más de 150, pero es un buen punto de partida para hablar del mojito. En la ciudad uruguaya de Bella Unión se forma una de estas triples fronteras, es más, recibe este nombre porque es el lugar donde se encuentran el río Cuareim y el río Uruguay, en la frontera de este país con sus vecinos brasileños y argentinos.

En esta pequeña localidad, que forma parte del departamento que lleva el nombre de uno de los mayores héroes nacionales del país (Artigas), llegó al mundo, en algún momento a mediados del siglo XVI, un corsario llamado Silvio Suárez Díaz, que no sabemos qué tal era con la espada ni cómo manejaba el timón, pero que por lo que cuentan, fue el primero que preparó la versión inicial del cóctel que reina las fiestas estivales y que hoy conocemos como mojito.

A finales del s. XVI y en alta mar, cualquier problema te tortura. Muchas fueron las tripulaciones que se echaron a perder por la calma chicha, que es esa otra quietud, la que no cura la fatiga, la que no abre espacios a la meditación, la que desespera. Y en esa época, mal que nos pese, todavía no podíamos ofrecer una gaseosilla El Tigre a estos amables caballeros, así que el pirata bellaunionense se las apañó para repartir a sus hombres un brebaje a base de aguardiente diluido en un poco de agua, algo de limón para combatir el escorbuto, unas hierbas aromáticas, tipo menta, y el toque dulce del azúcar que ayudaba a digerir la pócima.

Pero fue otro pirata, Francis Draque, que se labró algo más de fama, quien lo acabó popularizando hasta bautizarlo como ‘Draquecito‘. Un siglo después, con la producción de ron mejor refinado y tras haber conseguido una mayor calidad, este sustituyó al aguardiente.

Luego ya llegó lo de Cuba, Ernest Hemingway y la leyenda de La Bodeguita del Medio, pero eso es otro cantar. También con los años y la moda llegaron las distintas versiones; con fresa, con coco, que si con un poco de vodka, ahora lo quiero light, etc. Lo que no cambia nunca es lo de añadir soda, y por si no lo sabías, con las nuestras sabe mucho mejor. Prueba a preparar este cóctel con un sobrecillo de gaseosa El Tigre, ¡verás cuántas burbujas!